Mi dedo, te señalaba claramente. Y señala a tu coñito, apenas va cubierto por un lindo y fino pantalón. Y la cara inmediatamente se te sonrojó… Ven aquí, te quiero sentir en el centro del cuarto. Tu vista se dirige a ratos hacia mí, pero nuevamente la desvías, para contemplar el suelo, tus rodillas y mis pantalones.